Contacto con el Más Allá

Desde los albores de los tiempos, la posibilidad de comunicarse con otros ha sido una de las principales inquietudes, del ser humano. No es algo nuevo, por mucho que el estudio de lo paranormal parezca estar en boga. Una vez aceptada la existencia de dimensiones, mundos o estadios paralelos y distintos, incluso aunque sea de forma intuitiva, las necesidades comunicativas del hombre trascienden también hacia ellos, tal y como ha venido sucediendo de forma ancestral.

Sin embargo, lo que no muchos saben es la incidencia que han tenido en nuestro día a día los intentos de comunicarse con eso que suele llamarse “más allá”. Lo que al principio se producía de un modo chamánico, mediúmnico o casi telepático, se vio transformado por el desarrollo tecnológico del ser humano, que rápidamente comenzó a aplicar sus conocimientos científico-técnicos a la búsqueda del contacto con otros planos existenciales, quizá con la intención de hallar en ellos las respuestas que faltan a las múltiples preguntas que el hombre no es capaz de responder aún. De hecho, los métodos utilizados han sido propios de la época en las que se les ha dado uso, constituyendo así su propia historia de la transcomunicación.

Es cierto que, para hablar de este tipo de instrumentos o métodos como verdaderas formas de transcomunicación, hay que partir de la premisa de que existe un receptor con el que comunicarse. Es decir, que si no aceptamos que hay otros mundos, otras dimensiones, otros planos de existencia, sería absurdo siquiera contemplar la idea de establecer un proceso de comunicación con ellos. Esto ya supone una criba pues, a pesar de los últimos avances de la física y la demostración matemática de la teoría de cuerdas (tema que también da para mucho), hay quien aún se empeña en negar dicha realidad, insisto, matemáticamente demostrada.

Establecido pues el punto de partida, se hace interesante apreciar cómo, a veces, ciertas comodidades tecnológicas han visto la luz porque han sido descubiertas en el camino de la transcomunicación. Grandes inventores en la historia ya afirmaron haber tenido experiencias con ese “más allá” lo suficientemente notables como para que le dedicasen tiempo en sus investigaciones.

Comienza, de hecho, a hablarse de transcomunicación instrumental toda vez que se utilizan aparatos como canalizadores, instrumentos cuyo principio básico de funcionamiento es la energía electromagnética, quizá tratando de restar importancia a la intervención del sujeto y dotar al proceso de un carácter más científico y aséptico. Heinrich Hertz fue el primero que construyó un ingenio, en 1888, que emitía y recibía este tipo de ondas, VHF y UHF, mientras  Edison tomaba como verdad científica que, si nuestra personalidad permanece tras la muerte, debe conservar los conocimientos adquiridos en vida y, por tanto, no es descabellado pensar que la voluntad de comunicarse permanezca intacta. Por todo ello, intentó poner al servicio de los espíritus un canal para que pudieran hacerlo.

Marconi, Bell y Tesla también intentaron darle a la humanidad el instrumento definitivo y en el camino dejaron el teléfono, la radio… De hecho, Nicola Tesla fabricó la radio de los espíritus, un receptor formado por un frasco de cristal y una serie de antenas y bobinas de  alambre que, al ser puesto en marcha, comenzó a emitir voces y sonidos. Al analizar sus escritos, podemos deducir que se trataba de fenómenos EVP (psicofonías). Podemos decir que aquello fue el principio.

En los años sucesivos, destacados ingenieros de sonido continuaron con la línea que iniciasen en los albores del siglo XX estos cuatro grandes. Incluso miembros de la propia Iglesia Católica han investigado en esta línea, por ejemplo los padres Enertti y Gemilli, presidente de la Academia Papal, a principios de los 50. Ambos trataban de grabar un canto gregoriano y lo que obtuvieron fue al padre del segundo que, ante la exasperación de su hijo, le hizo saber que contaba con su apoyo utilizando el nombre que le daba en su niñez, desconocido en Roma.

Así es como, de hito en hito, paso a paso, se llega al trabajo de Meek y su equipo, que crearon algo nuevo llamado “Spiricom”, el invento que, hasta la fecha, ha obtenido mejores resultados por la cantidad, calidad, duración y coherencia de los mensajes. La historia sobre cómo surge este método de transcomunicación es, como poco, curiosa incluso para los escépticos. Siendo presidente de la Fundación de Metaciencia de los EEUU, Meek se interesó por los avances que se habían conseguido en Europa sobre las voces en cinta magnetofónica, fruto de las investigaciones de Jürgenson y Raudive, entre otros.

Precisamente a través de ellas, recibió instrucciones proporcionadas al parecer por ingenieros de sonido, físicos y eruditos fallecidos, para construir un generador de frecuencias que, mediante un oscilador sintonizado en cierto número de ciclos por segundo, permitiría modular la amplitud de una portadora que variaba entre los 29 y 31 MHz que, decodificada por un receptor, mostraba frecuencias de índole paranormal y las registraba magnetofónicamente. Curiosamente, el aparato tuvo una vida bastante corta y llegado cierto punto, dejó de funcionar, por lo que nunca fue patentado pero dejó sentada la base para las Spirit Boxes que utilizamos actualmente.

Desde los años 80, son los teléfonos y la informática las áreas que han ido centrando la atención de los investigadores, como Scott Rogo o Jules y Maggie Harsch-Fishback y es evidente que el camino no acaba aquí. Por supuesto, el avance no supone el abandono de métodos más rudimentarios o tecnológicamente menos avanzados, pues cualquier resultado puede contribuir a ampliar la información obtenida en una investigación, cualquier elemento receptor de variaciones electromagnéticas puede convertirse en canal de transmisión, pues lo que parece aceptado por la comunidad investigadora es que el fenómeno paranormal siempre lleva aparejados cambios de tipo electromagnético.

La Oui-ja, los péndulos, el método de las tijeras y el libro siempre pueden aportar datos aunque para ello parezca más necesaria la intervención de alguna persona… incluso la última viralización del “Charlie-charlie” nos deja claro algo irrefutable: el ser humano seguirá avanzando tecnológicamente, podría incluso avanzar de forma infinita, pero jamás dejará de mirar hacia ese “otro lado” de la existencia que es lo que, a priori, siempre nos habían dicho que ya no es.

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